El camino que hoy empezamos, hasta llegar a la Pascua

Padre Boris Raduleanu

 

¡Elige tú, cristiano, elige tú, humanidad! ¿De quién quieres ser? ¿De Dios o del demonio? Eres libre de elegir y tienes una mente capaz de distinguir lo bueno y lo malo. Entonces, ¡no los confundas! Debemos avanzar con un corazón puro, en este Ayuno Mayor que recién empieza, para esperar la Pascua.

 

 

Con el Domingo de la Expulsión de Adán del Paraíso cerramos el período de preparación y abrimos la senda al Ayuno Mayor: esas siete semanas previas a la Santa Pascua. Nos hallamos, pues, ante una encrucijada, una cima, una frontera…

Cada domingo se nos han presentado dos caminos: la humildad del publicano y la soberbia del fariseo; el arrepentimiento del hijo pródigo, ante la necedad y orgullo de su hermano; la bendición que separa a los que están a la diestra del Gran Juez, de la maldición que recibieron los de su izquierda. La Santa Iglesia nos presenta esta alternativa para adentrarnos en nosotros mismos y reconocer: ¿somos como el publicano, humildes, o somos arrogantes como el fariseo? ¿Vivimos la contrición del hijo perdido que vuelve a casa, o somos como su hermano mayor, obcecados y llenos de orgullo? ¿Esperamos recibir la bendición o nos asusta la maldición?

En su sermón en la montaña, Jesús dice: “Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran” (Mateo 7, 13-14). Nosotros mismos somos quienes elegimos el camino. La expulsión y el perdón nos son presentados como señales de alarma, pero también como una exhortación para la Pascua…

Ha llegado el tiempo de cambiar. La Santa Iglesia nos prepara por medio de los dos caminos presentados arriba. ¡Elige tú, cristiano, elige tú, humanidad! ¿De quién quieres ser? ¿De Dios o del demonio? Eres libre de elegir y tienes una mente capaz de distinguir lo bueno y lo malo. Entonces, ¡no los confundas! Debemos avanzar con un corazón puro, en este Ayuno Mayor que recién empieza, para esperar la Pascua, para pasar de hombres carnales a hombres espirituales, para que no solamente con la boca, sino también con la voz de nuestra alma podamos cantar: “¡Cristo ha resucitado!”.

 

Funte: Doxología.org

 

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